Miles de personas se manifiestan en las principales avenidas de la gran ciudad hasta llegar a la Plaza de la Constitución, donde el estruendo de los cañones se transforma en un grito que acaba con la impotencia de todos los días. Yo me encuentro entre la multitud con mis tenis sucios y un periódico con el que intento cubrirme el rostro del sol inclemente, como inclemente es el gobierno que no quiere escuchar la voz de los jóvenes, pues por la muerte de varios de éstos es que da inicio la movilización. Así, cubierto de gente desconocida, en un mismo espíritu, y junto a escasos amigos que comparten conmigo banderas particulares de lucha, me acerco a la fecha que conmemora mi presencia en la capital del país. Ahora soy más maduro que ayer pero mucho menos que mañana.
Iniciaron las clases en la universidad y me motivó despertar antes de que se notara el alba, en esa semioscuridad que presagia un amanecer distinto. Es un día de esos que se respiran cuando uno todavía se talla los ojos para ver mejor. He caminado por distintas sendas para encontrarme en esta encrucijada. Cada que me subo a un autobús trato de dormir despierto para estar atento a cualquier imprevisto; cada que manejo una bicicleta observo detenidamente el movimiento a mi alrededor. Aun cuando camino de la forma más tranquila, aprovecho para relajar y, al mismo tiempo, agudizar mis sentidos. Disfruto estar en contacto con todo aquello que me brinda bienestar pero necesito convivir más con los problemas, sin inmiscuirme de lleno en ellos, para comprender mejor; por tratar de ver la vida como los que sufren verdaderamente, y no a quienes lastiman nimiedades.
Cuando hace un año busqué mi norte nunca imaginé que a pocas horas encontraría tanto tiempo para aprender de experiencias únicas, las que moldean el carácter de un hombre. Antes escuché varias veces y con base en las lecciones de escuela, que los gobernantes antiguos se educaron de acuerdo con su posición, recibieron las mejores lecciones para "gobernar". Nadie les preguntó qué querían ser, cuál era su propia vocación. Les fue impuesto un modo de vivir para honrar la tradición. En esto, estoy en busca de algún rebelde además del barón rampante. Yo vivía según estereotipos sociales típicos de nuestro tiempo. Me tragué la ficción de las imágenes y el movimiento excesivo alrededor de valores pasajeros como el dinero o la fama. Nunca más fui el mismo después de aquel día que cogí una mochila vieja y medio rota, empaqué lo indispensable y emprendí un recorrido aparentemente corto. El futuro ya llegó y como dice el ingenio popular (¿o familiar?) "hay que creérsela".
Conmovido luego de conocer la historia del líder social y a punto de expresarle una frase propia, el joven estudiante contuvo las ganas de llorar y sonrío confortado por la oportunidad de estar ahí. Apenas era el comienzo de la historia... su historia.
5 comentarios:
POR ESO EL GRITO DE YA BASTA¡¡¡ NO+SANGRE,NO MAS INJUSTICIA,TENEMOS QUE EMPEZAR A LIMPIAR LA CASA..
SALUDOS FRATERNALES BRUNO
Ahora sí casi le entiendo a todo. No entendí el final.
...y cuál es el punto máximo de la madurez?
Hubieras publicado lo que le ibas a decir a Sicilia es una frase muy conmovedora...
Además te falto incluir que me empapaste agua.. :P
JL
Hola, Bruno!!
Me gusta tu ejercicio de reflexión, aunque no entendí mucho los últimos dos párrafos...
Ya que estuviste ahí, hubiera estado padre que te hubieras aventado la crónica completa.
De todas formas, da gusto leerte. De verdad.
Un saludo!
Ollin
Publicar un comentario