viernes, 9 de enero de 2015

Gobernabilidad de papel


En el mensaje político del gobernador Gabino Cué al rendir su cuarto informe de gobierno en Oaxaca, hay una línea que conviene subrayar en el contexto que vive el país: "No estamos dispuestos a recurrir a las imposiciones, ni a utilizar la fuerza pública para acallar las voces que disienten del gobierno, que expresan legítimos reclamos o demandan atención a sus necesidades". 

El problema de la declaración es el vacío: Quién juzga qué es disentir de su gobierno, cuáles son legítimos reclamos y cuáles son verdaderas necesidades. 

En un artículo publicado hace varios años a propósito de la democratización de México, Roberto García Jurado, profesor de la UAM Xochimilco, critica la teoría de la democracia de Samuel Huntington, uno de los autores contemporáneos más reputados en la materia.

En el  análisis encontré este fragmento que aplica a Oaxaca en particular aunque el autor esté refiriéndose a países:

"Las transiciones democráticas que se han registrado en las últimas tres décadas frecuentemente han creado gobiernos democráticos que han visto obstaculizada su tarea de gobierno por las prerrogativas alcanzadas en regímenes anteriores por parte del ejército, los sindicatos, las mafias y la burocracia. En estos países, la democracia se ha visto restringida por la dificultad que existe para ejercer el Estado de derecho en regímenes caracterizados por el cacicazgo, el caudillaje y el clientelismo". 

Por una parte subrayo sindicatos y mafias que imponen bloqueos, plantones y afectan derechos de terceros. Por otra parte, los tres últimos conceptos se corresponden con una cultura política en la que sigue habiendo jefes informales por encima de instituciones públicas; cada tanto se promueve un candidato como el prócer de las esperanzas del pueblo; y finalmente prevalece la compra de voluntades a través de una estructura compleja de relaciones de poder como la sección 22 de la CNTE.

El lunes en el espacio de Carmen Aristegui en MVS Radio corrió la versión de que el gobierno federal no va a reprimir protestas hasta que haya muertos y entonces sea la propia sociedad civil la que se lo demande. La aplicación del Estado de Derecho si hay disturbios por la tragedia de Ayotzinapa o el escándalo de la casa del presidente queda sujeta a que se cometan delitos graves.


Ante la inestabilidad del sistema político y las protestas sociales la moneda está en el aire pese al vacío conceptual: ¿Es mejor no intervenir como en Oaxaca?, qué es peor, ¿criminalizar la protesta social o solaparla siempre? 

No hay comentarios: