¿Cuán grande es la misericordia de Dios? cómo saberlo, la mente no nos alcanza para comprender su magnitud. Leo la definición en un diccionario: la misericordia es, en la doctrina cristiana, "el atributo divino por el que se perdonan y remedian los pecados y sufrimientos de sus criaturas". Es decir, no solamente es el perdón per se, sino también el remedio de las faltas cometidas y de las consecuencias que éstas conllevan. El pecado es lo que separa al ser humano de Dios. Todos conocemos la historia del pecado original, el que cometieron Adán y Eva en el Paraíso cuando desobedecieron a Dios y cayeron en la tentación del maligno que los llevó a comer el fruto del árbol que Dios les había puesto como condición no comer. La primer acción en contra de Dios sucedió por la tentación de probar algo que no les estaba permitido, así desafiaron el poder del Creador de todo lo que conocían y vivieron las consecuencias de su pecado. A partir de ahora, su vida no sería la misma: de comodidades; en cambio, conocerían el dolor y sufrimiento, tendrían que sobrevivir y no solamente vivir.
En la actualidad, las personas viven de manera tal que disfrutan al máximo de las cosas que tienen o creen tener. La mayoría no tiene por código de conducta otro que la ley vigente en su país y algunas normas de trato social que son necesarias para ser "alguien" en la vida. La moral es un relativismo complejo que cada quien interpreta a su manera, sin inmiscuirse demasiado en cuestiones de fondo, simplemente tratando de no ofender a los demás al desaprobar conductas. Ahora lo que se premia y considera como el mayor valor es la diversidad; en este sentido, mientras más raro y diferente más atractivo. Sin embargo, no hay que olvidar que vivimos un momento en el tiempo. Los más viejos conocieron la primera mitad del siglo XX y ya, en realidad no hay mortales que sepan cómo se vivió más allá de nuestra época. Lo que sí existe es el conocimiento legado desde tiempos inmemoriales y las interpretaciones que de éste se hacen. Así, la historia trae del pasado los hechos y las ciencias evolucionan aceleradamente por el avance vertiginoso que ha tenido el conocimiento humano en las últimas décadas. Como sea, ningún ser humano conoció por su propia experiencia lo que sucedió más allá del siglo anterior.
Durante los últimos días he aprendido a ver la vida de manera distinta. Ya no como la prolongación en el tiempo, sino como la posibilidad en el momento. Cada instante es un regalo de Dios, aunque para muchos sea la nada. En el mundo que conozco, las personas se ocupan de vivir sus vidas en prospectiva, incluso yo defendí este proyecto en este espacio, pero ahora me doy cuenta que lo importante es aprovechar el tiempo agradando a Dios cada momento. Para quienes la nada es todo y la finitud una marchita oportunidad de "desquitar el tiempo", escribo esto. Mientras hay vida hay esperanza, reza un dicho famoso, yo quiero hacer ver que la esperanza se manifiesta aun en la muerte. Porque tenemos con nosotros a quien venció a la muerte no tenemos por qué temer al mal. El mal como lo conocemos reina sobre la realidad de este mundo, la maldad es inherente al ser humano, pero la bondad es Dios y puede transformarnos para hacer de esta vida un buen inicio de lo que nos espera más allá del tiempo.
La misericordia de Dios sólo se entiende por otro principio, el amor. Su amor es inconmensurable y se manifestó en la persona de Jesús, cuando éste vino al mundo para demostrarlo. Sufrió humillaciones, a pesar de hacer señales y prodigios los suyos no creyeron en Él. Mostró su poder incluso resucitando muertos, algo imposible para cualquier ser humano, no obstante, se burlaron de Él, lo odiaron... lo crucificaron. En esa cruz, en medio del dolor de su cuerpo humano, Jesús rogó a su Padre: "perdónalos Señor porque no saben lo que hacen". Hasta ese punto demostró su amor, no condenando a los que lo herían; reconociendo la maldad como un aspecto natural del ser humano. La misericordia de Dios se derramó en el acto sublime de su muerte en la cruz, pero también y sobre todo en su resurrección al tercer día. No fue sólo morir por nosotros, sino resucitar y vencer a la muerte, vencer al pecado. El pecado es la muerte, por eso cuando una persona se arrepiente de sus pecados vive; no sólo eso, también Dios enmienda los daños cometidos por la maldad, porque abogado tenemos en aquél que conoció las tentaciones y debilidades humanas.
Un asesino que perseguía cristianos llamado Saulo, se enorgullecía de vivir así. En su propia concepción, hacía lo bueno para su credo, no para Dios; era un religioso. Dios lo confrontó directamente. No lo condenó, antes bien, trató con él, lo llamó a servirle. Pablo fue un apóstol fiel a Jesucristo, su nueva vida un ejemplo de servicio a Dios. Él estaba convencido de la misericordia de Dios, él la experimento. Su confianza la puso en quien lo llamó de las tinieblas a la luz, y aunque padeció por la causa de Jesús (de eso se trataba), terminó por entender la fugacidad de la vida y la banalidad del mundo tal como lo conocemos. De manera que sintetizó su fe en una frase que últimamente resuena en mi cabeza y quiero apropiar para siempre: "para mí, el vivir es Cristo y el morir es ganancia". No importa cuán grande sea la maldad, cuán difícil la situación, cuán ofensivo el pecado. Los hombres de Dios fueron escogidos y transformados. De lo vil y despreciable de este mundo han surgido los siervos más fieles. Aquellos cuya vida misma fue impactada por la misericordia de Dios, por un pensamiento tan universal que sólo pudo caber en sus personas entregándose a la causa de Jesús.
Cada mañana nuevas son sus misericordias para todos. Por ello, el rey David escribió: "los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos". El cielo de los últimos días me ha hecho recordar sus misericordias, sin las que sería nada o la vida me transcurriría como nada. Gracias a Él ahora puedo confiar y sonreír.
1 comentarios:
Muy bien, que bueno que estás haciendo la continuación de la serie :D
Te animo a seguirle ;)
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